• El ministro Ricardo Villada instó a los salteños a no bajar la guardia

    El ministro Ricardo Villada instó a los salteños a no bajar la guardia

  • Salta adhirió al decreto nacional de necesidad y urgencia que prohíben los despidos y las suspensiones de trabajadores

    Salta adhirió al decreto nacional de necesidad y urgencia que prohíben los despidos y las...

  • Coronavirus: “La aplicación de medidas con antelación nos permitió estar mejor preparados”

    Coronavirus: “La aplicación de medidas con antelación nos permitió estar mejor preparados”

bandera_nacional_en_Rosario_de_Santa_Fe.jpg

 

Nuestra Bandera en el campo del honor

Por Martín Miguel Güemes Arruabarrena


Vuelvo al tiempo de la epopeya norteña, en jurisdicción de la Intendencia de Salta del Tucumán (1812/1813). Belgrano ha cruzado el río Pasaje, se encuentra en la margen cercana a Cabeza de Buey. El ejército reunido jura fidelidad a la Asamblea del Año XIII, subordinando la fuerza a la ley. Hecho no suficientemente señalado en la historiografía nacional. Es la primera sumisión de un ejército al Imperio de la Ley, al Estado de Derecho. Ejemplo del pasado, aviso al presente, advertencia al porvenir…


Con la bandera como testigo heráldico, juran en la cruz de las espadas. El marco institucional le es favorable, la asamblea se ha declarado soberana. No más sumisión al Rey Fernando VII. Por ello, ha nacido nuestra bandera nacional, se construye su legitimidad popular, en un proceso que comenzó en Rosario de Santa Fe (27.02.1812), se consolidó en Jujuy (25.05.1812), y emerge victorioso en Salta (20.02.1813), para culminar en Tucumán (9.07.1816).


No recibirá declarada la independencia, ni amonestaciones, ni represiones, del gobierno central. Se consolida la Soberanía Nacional, y su Símbolo. En aquel mes de febrero, lluvioso, se prepara la bandera azul y blanca para flamear victoriosa en el campo del honor militar. En esos tiempos, la actual provincia de Salta integra la Intendencia de Salta del Tucumán, y su ciudad es la capital de la jurisdicción. El acontecimiento militar (al igual que en Tucumán), nos pertenece a todos los norteños. jujeños, salteños, tucumanos, santiagueños, catamarqueños, incluso
¡tarijeños! pueden sentirse orgullosos de ser custodios de nuestra insignia patria.


Leamos lo que expresa, el conductor de las tropas, creador de nuestra bandera, en relación al Pasaje y Juramento.:


“(…) Oficio del General del Ejército Auxiliar del Alto Perú Manuel Belgrano al Gobierno. Manifiesta haber dado cumplimiento al reconocimiento y juramento de Obediencia a la Soberana representación de la Asamblea Nacional (Río del Juramento, 13 de Febrero de 1813)

boton CPBWord

418px-Manuel_Antonio_Castro.jpg

Manuel Antonio de Castro

 

"El General Manuel Belgrano"

Yo observé en el general Belgrano tres calidades que principalmente formaban su mérito: patriotismo absolutamente desinteresado, contracción al trabajo y constancia en las adversidades.


En prueba de lo primero citaré los hechos siguientes: en todo el tiempo que permaneció el ejército en Tucumán, que fue el de cuatro años, destinó sus sueldos sobrantes al socorro de las necesidades del mismo ejército, desterrando de su persona y casa todo lujo, y aún las comodidades más naturales y necesarias. Su diario vestido era una levita de paño azul. Su casita construida en la ciudadela a la manera del campo, era una choza blanqueada. Sus adornos consistían en unos escaños de madera hechos en Tucumán, una mesa de comer, su catre de campaña y sus libros militares. Comí con él varias veces. Tres platos cubrían su mesa, que era concurrida de sus ayudantes de campo y capellán.


Cuando por motivo de la victoria de Salta le regaló el supremo gobierno o la Asamblea cuarenta mil pesos, los cedió íntegramente para la dotación de escuelas en Santiago del Estero, Salta, Jujuy y Tarija, que no las tenían, ni podían establecer.


Cuando por orden del gobierno supremo vino con el ejército hasta la jurisdicción de Santa Fe, le pidió al gobernador sustituto de Córdoba don José Antonio Álvarez de Arenales, cincuenta pesos para mantenerse. Tal era entonces su situación.


Se había consagrado tanto al servicio de la Patria que no era fácil saber cuáles eran las horas de su descanso. Yo lo observé en Tucumán el año 16: ocupar todo el día en la atención del ejército, y contínuos servicios doctrinales, salir de noche a rondar hasta las doce o más tarde, retirarse a esas horas e irse a escribir sus multiplicadas correspondencias que despachaba de su puño y mantenía con todos los gobiernos, con todos los pueblos, y con toda clase de gentes a favor de la causa de la Patria. Los maestros de postas y alcaldes Pedáneos de las provincias conocidos por su decidido patriotismo hacen vanidad de conservar sus cartas amistosas, y dirigidas todas al servicio público.

boton CPBWord

descarga_7.jpg

 

Precisar el contexto en que la llamada Guerra de las Malvinas se dio, es una tarea que necesariamente debe estar comprendida en un marco histórico mucho más amplio, al riesgo de que, de no hacerlo así, esa Gesta protagonizada por argentinos casi adolescentes en su mayoría, se reduzca solamente a un hecho político y la derrota sufrida pierda el enorme significado de honor que les cabe a los que dejaron la vida, y a los que volvieron con heridas, físicas, psíquicas y espirituales de aquellos irredentos territorios.

 

Aquel que no valore en su más exacta dimensión lo que significó el episodio de Malvinas para los argentinos del siglo XX y para esas generaciones de 1962 y 1963, no ha calibrado la profundidad del acto heroico que significaron aquellas jornadas. 

 

Sólo los distraídos y dispersos ideológicamente, los que solamente se quedan con una superficial mirada de tono político, pueden criticar aquel acto de recuperación sobre un territorio que la historia y el derecho demuestran que es parte integrante de la República Argentina. 

 

Criticable será la decisión y la conducción, la logística y la estrategia, pero nunca, jamás así, la entrega de aquellos muchachos, oldados conscriptos y de los oficiales y suboficiales que con arrojo y a desprecio de la propia vida intentaron arrebatar al pirata inglés lo que éste había hollado tantas décadas atrás. 

 

Como en los lejanos años de la Guerra de la independencia, ésta, la de Malvinas también se convirtió en una guerra de recursos. Ante la falta de maniobrabilidad de la Marina de Guerra Nacional por la presencia de los submarinos británicos, y las falencias en la distribución de la logística de parte de un alto mando extraviado, los soldados argentinos echaron mano de cuanto daba el ingenio para sobrevivir y para hacer que sus armas, en desventaja frente al moderno equipamiento inglés, continuara siendo mortífero para el enemigo.

 

boton CPBWord

web.jpg

Es en gobierno.salta.gob.ar en donde los ciudadanos encontrarán material historiográfico sobre hechos trascendentales en la historia de Salta. 

Leer más...

descarga_6.jpg

 

Esta cartilla dedicada al Padre de la Patria, tiene como destinatarios especiales a los jóvenes.


Nos encontramos insertos en la cultura de la globalización cuyos valores parecen distintos y distantes a los que forjaron la vida de San Martín.


Entendemos que estos valores podrían caer en el olvido si no pusiéramos nuestro esfuerzo para rescatarlos y darles vigencia sin perder de vista las características de los tiempos.


Conmemoramos, además, este año el Bicentenario del Inicio de la Guerra Gaucha, una Gesta que se inicia operacionalmente en 1814 y que finalizará con la muerte artera del Gral. Martín Miguel de Güemes en 1821. En esta Epopeya vemos aparecer indisolublemente unidos las concepciones estratégicas de José de San Martín y Martín Güemes para quienes la tarea libertadora solo estaría completa con la Libertad y la Independencia de América del Sur.


Unidad de pensamiento y de acción, herederos de los ideales de Mayo que juntamente con Manuel Belgrano desean una América unida más allá de los accidentes geográficos o las diferencias ideológicas.


La vida de San Martín tiene un aura de misterio y de respeto que caracteriza a los más grandes hijos de cada pueblo.


En su ejemplo, silencioso y modesto, puede verse tanto al militar profesional de admirable visión estratégica, como al organizador minucioso de fuerzas de combate y al eficiente administrador y gobernante. En cualquiera de los puestos en donde lo requería la Patria no lo ganó la codicia o la ambición de poder y cuando consideró concluida su tarea, se retiró sin esperar ninguna clase de reconocimiento o compensación.


Conoció la gloria y el exilio voluntario. Conoció las tormentas de las dudas y de la incertidumbre antes de cada batalla y también en las interminables luchas civiles que tantas veces han demorado el logro de los países latinoamericanos.


Las virtudes de San Martín son, hoy como ayer, las que todo argentino debe aspirar a asumir: el gobernante, el soldado, el trabajador, el empresario, el estudiante, en definitiva el ciudadano. Fue un gran héroe, pero ante todo fue un hombre que sufrió, amó, luchó con pasión y al que únicamente podremos comprender, respetar e imitar si unimos estas dimensiones excepcionales a las de un hombre entregado a una misión que, en el caso de San Martín fue nada menos que la libertad de un Continente.

 

boton CPBWord


                                                                                            descarga_5.jpgimages.jpg

 

La guerra a muerte librada contra el invasor realista en el Norte actual, y en el Alto Perú (actual Bolivia), durante cinco años, salvando a la Patria, y permitiendo el cruce de los Andes, y la Libertad de Chile, bajo la conducción del Libertador General don José de San Martín, trajo aparejadas pobreza y dolor en nuestra tierra norteña, arrasada por las sucesivas invasiones realistas. Contenidas y derrotadas con sangre, sudor y lágrimas por los oscuros hijos del paisaje: ¡los gauchos!


Güemes, sus oficiales (jujeños, salteños, tarijeños) y las milicias gauchas de Jujuy, Salta y Tarija, sufrieron el peso de ¡la tierra en armas! La ayuda en armamentos, cartuchos, lanzas, sables, caballos, ganado, fue sobrellevada mediante empréstitos forzosos en la "Provincia de Salta" (contribuciones de guerra aprobadas por el Cabildo salteño). Tucumán sostuvo la inactividad manifiesta y deliberada del Ejercito del Norte en esos duros años. Con la idea no concretada de preparar el avance sobre el Alto Perú (tal el Plan de San Martín, desde 1816), cosa que no ocurrió nunca… durante ese tiempo. Tucumán no sufrió el peso de la guerra en su propio territorio, como sí sucedió en 1812, en la Gesta de Belgrano (salvando a la Patria). Durante ese periodo de la guerra (1814/1818), Araoz apoyó a regañadientes, a cuenta gotas, a Güemes y a sus milicias gauchas. Sus motivos, más allá de la flaqueza del erario tucumano, fueron el temor del crecimiento de su prestigio militar, y su ascendiente sobre el paisanaje, sobre los gauchos. A pesar de esta actitud premeditada, “consentida” por Belgrano (influenciado por Araoz y
sus seguidores), Güemes y las milicias gauchas salto jujeñas salvan la independencia naciente... la excusa constante de la naciente tucumanidad, para no aportar más de lo escasamente necesario, fue el sostenimiento del Ejército del Norte, y la pobreza del erario tucumano. Como si Salta y Jujuy no sostuvieran al Ejército de Milicias Gauchas (más de 6.000 hombres), que a su vez guerreaban en el campo principal de la lucha: la geografía salto jujeña. Salvando la tranquilidad del territorio tucumano, y la de las demás provincias abajeñas. También al poder central, a los porteños, a los rioplatenses.


Tensiones, conflictos, grietas, en el campo criollo gaucho


La conducción gubernativa y militar de Güemes, en tiempos de guerra, de escasez y de hambre, conllevó grietas en las fuerzas patriotas salto jujeñas tarijeñas, también competencias, envidias, intrigas, resentimientos, incluso: connivencia con el enemigo realista. En ese marco terrible, sofocante, a partir de 1819, la ruptura directa o indirecta, declarada o tacita de ciertos sectores de Tarija, Chichas, Jujuy y Salta, empezaron hacerse sentir: incluso complotando contra la vida del Conductor político y militar don Martín Miguel de Güemes (el caso del mulato Panana, es significativo). La realidad histórica, los hechos sucedidos, basados en documentos fehacientes, es que valientes y temerarios como el Comandante Moto Mendez, el Capitán Pedro Norberto Arraya y el Teniente Coronel Manuel Eduardo Arias, entraron en combinaciones con el General Pedro Antonio de Olañeta, el empecinado realista, que fuera consagrado Virrey del Río de la Plata, por el Rey Fernando VII, antes de su muerte en 1826. Este perdió la vida, traicionado por sus oficiales, en la última batalla de la Independencia, en Tumusla (1 de Abril de 1826). De los criollos mencionados, quien más se empecinó contra Güemes, fue Arias, quien complotó contra la vida de Güemes, es decir: del Gobernador, y Comandante Militar, por lo cual terminó siendo desterrado a Tucumán, por el Caudillo de la Epopeya de la Guerra Gaucha. Aráoz ni lerdo ni perezoso, inmediatamente lo integró a sus fuerzas militares, organizadas después de que se retirara el Ejército del Norte al mando de Belgrano, a solicitud del Gobierno central para reprimir la sublevación federal del Litoral (1819). En el Norte, los Coroneles Abraham González y Aráoz encendieron la hoguera de la anarquía en el País de los Argentinos (1820), al forjar la sedición contra el gobernante legítimo de su provincia Felipe Mota Botello, logrado su objetivo, se encaramaron en el poder tucumano, Aráoz designado Gobernador de “facto” constituyó: la "república del Tucumán", basado en una Constitución de corta existencia, pues la anarquía recorrería Tucumán, en los años sucesivos. Llevando a la muerte, fusilado por sus comprovincianos, al mismo Aráoz. Para sostener la corporativa “república federal”, dado que fue un gobierno sedicioso, se apropiaron del parque de armas del Ejercito del Norte. Abandonado después del repliegue del mismo, hacia el litoral. Ordenada por el Gobierno Central, acatada por Belgrano, sin esperanzas, enfermo ya de tantas disensiones internas.

 

boton CPBWord

manuel_eduardo_arias.jpg

 

Por Martín Güemes Arruabarrena

Don Manuel Eduardo Arias había nacido en 1785 (tenía la misma edad del General Güemes), hijo del encumbrado español Francisco Arias Renguel (familia radicada en la la Intendencia de Salta del Tucumán, cuya casa solariega y blasonada, se encuentra actualmente en Salta), y de una originaria de esas tierras de Omaguacas, apodada: "la Coya". Esa mezcla étnica, entre un español de alcurnia, y una rebelde indígena lugareña, forjaría en su niñez y adolescencia, un temperamento valiente, audaz, intuitivo, y experimentado en el conocimiento de su tierra, y de sus habitantes. Recorrió a caballo, en cumplimiento de tareas rurales, junto a los aborígenes y criollos, cada rincón de las tierras de San Andrés, ubicadas entre Humahuaca y Orán (el abra de Zenta era el paso estratégico entre ambas ciudades), finca que pertenecía a su padre. Humahuaca goza de prestigio histórico, por ser tierra india, rebelde a la dominación Inca y Española; Orán, es la última ciudad fundada por los españoles en América. Ramón García de León y Pizarro junto a Diego José de Pueyrredón, gestan la ejemplar fundación en el Valle de Zenta (“La fundación de Orán, una labor sin fallas” de Luis Oscar Comentares). Ambas ciudades en su historia, complementaban la cruza étnica, del caudillo Manuel Eduardo Arias, paradigma de la jujeñidad, y del oranense.


La invasión de los Sarracenos (1817)


El "golpe de mano en Humahuaca", hecho ocurrido el 1 de Marzo de 1817, fue gestado con genialidad de comando militar por el Coronel Manuel Eduardo Arias, en su tierra natal. Por cierto, este combate dejó al General La Serna, a la retaguardia de sus tropas realista, en inferioridad de condiciones de comunicación con el Alto Perú (actual Bolivia), y sin vituallas, pues allí había concentrado el jefe español, armas, municiones, cañones, custodiados por una tropa de elite, a la cual consideraban imposible de derrotar. Los gauchos jujeños al mando de Arias, demostraron lo contrario.


El marco dramático, en el cual se enmarcó el Combate de Humahuaca, y otros más, en los cuales fue protagonista el Coronel Manuel Eduardo Arias, fue la invasión del Brigadier General don José de la Serna, invasión que contó con 7.284 hombres, de los cuales, algunos quedaron en el Alto Perú. La fuerza de avanzada contó con 6.800 efectivos, con veteranos que habían combatido a Napoleón, y a Bolivar, regimientos como el Gerona, Extremadura, Húsares de Fernando VII, Dragones de la Unión, 130 artilleros, y el Batallón del General, su fuerza de custodia. La táctica empleada contra esa, y otras invasiones que se sucedieron (cinco, en total), genialidad militar pergeñada por el entonces Gobernador, Comandante de las Milicias, y Jefe de la Vanguardia del Ejército del Norte, Coronel Mayor don Martín Miguel de Güemes, fue crear una red informativa, y de Comandos militares, al mando de milicias gauchas, que bajo instrucciones precisas, y con libertad de acción en cada región (corsarios terrestres), defendiera, hostilizara y persiguiera en una guerra sin cuartel, a muerte al invasor realista. Hechos que se cumplieron con precisión fatal para los españoles, algunos criollos y mestizos, que defendían al Rey Borbónico don Fernando VII. No debemos olvidar, que en esta guerra sin cuartel, el Ejército del Norte al mando de Belgrano, actuó de retaguardia “inmóvil”, pues permaneció acantonado durante cinco largos años. La única iniciativa de Belgrano, fue la “aventura” del Cnel. Gregorio Araoz de Lamadrid, en su incursión al Alto Perú, que culminó con el combate de La Tablada (14.04.1817), hecho de armas que tuvo por marco geográfico y humano a Tarija, y sus paisanos.

 

boton CPBWord

 

Intendencias_y_gobiernos_del_Virreinato_del_Rio_de_la_Plata.jpg

 

Por Martín Miguel Güemes Arruabarrena

 

Para comenzar, debemos ubicarnos espacial y temporalmente. Hasta Octubre de 1814, estamos situados en la Intendencia de Salta del Tucumán (actual noroeste argentino y sur boliviano). Vayamos entonces, al debe y haber de las uentas públicas. Repasemos los hechos, guiados por los historiadores salteños, Bernardo Frías, Atilio Cornejo, y Luis Güemes, a nuestro criterio quienes más profundizaron en la historia Güemesiana (o sea, en la independencia nacional). Historia empequeñecida, minimizada, por los historiadores del Río de la Plata, o por historierias localistas, que incentivan falsos orgullos provincianos.


Empecemos por vivir la situación económica que padecía Salta, después de los heroicos sucesos militares de la gesta Belgraniana (1812/1813), y del inicio de la guerra gaucha en el Valle de Lerma (1814). En base a informes del Cabildo de Salta, Atilio Cornejo nos pone en autos: “(…) Ahora bien, sobre el estado en que quedó Salta, es ilustrativo el acuerdo de su Cabildo, de junio 13 de 1813, cuando aludían sus Regidores D. Hermenegildo González de Hoyos, Dr. Mariano Boedo, D. Guillermo de Oramaechea, D. José D. Fernández, D. Teodoro López y D. Severo Alvarado “a la suma indigencia en que ha quedado esta Capital con el tránsito y estación, así del Ejército de la Patria, como del nemigo que la asoló enteramente quitando a sus vecinos los más de los bienes de que subsistían hasta dejarlos sin proporciones aún para el preciso sustento” ; a cuyo efecto, acordaron que su Diputado gestionase en Buenos Aires, se sirva moderar la contribución mandada a exigir a esta Provincia por continuos donativos, empréstitos y demás contribuciones con que ha sido pensionada esta ciudad y sus partidos desde la primera internación del Ejército Auxiliar a  las provincias interiores, a más de que es notorio el atraso que ha recibido esta Ciudad con la cesación de su comercio por motivo de la actual guerra” E igualmente, el acuerdo del mismo Cabildo, formado por D. Gerónimo López, D. Gaspar Arias, D. Guillermo de Ormaechea, D. Juan M. Quiroz, Dr. Juan de la Cruz Monge y Ortega, D. Juan de Arteaga y D. José de Gurruchaga, en octubre 29 de 1814, en cuya oportunidad se recalcaban “los incalculables quebrantos que ha padecido esta Ciudad y su campaña para el desempeño de sus deberes”, en cuya virtud “se veían constituidos en la necesidad de calcular y meditar los medios para levantarla de la ruina y escombros  que ha quedado reducida por los tiranos de Lima, que únicamente la ocuparon para saciar su codicia y ambición. Las exorbitantes contribuciones, donativos y préstamos forzosos; los secuestros y confiscaciones, y una extremada licenciosidad concebida a los mandarines, ministriles y tropa, formaron la ruina de las casas, sus propiedades, preciosidades y demás muebles. Los abastos para el Ejército y las considerables remesas hechas al interior en ganado vacuno, caballar y mular, produjeron una ingente disminución en las fincas rurales, y hubiesen quedado totalmente desiertas si las partidas de los patriotas no hubieran embarazado el plan adoptado de desolación con dichas remesas para el interior.” Agrega que después de Vilcapugio y Ayohuma, “quedó la felicidad de la Patria pendiente de la decisión de los ciudadanos de este pueblo de Salta y su campaña. Si éstos se resolvían a sacrificar sus intereses, sus familias y sus personas, el enemigo no adelantaba sus marchas y daban lugar a la organización del Ejército. Por el contrario, si cedían a los gritos y vínculos de la naturaleza, contemplando que había terminado la obligación social, los déspotas de Lima avanzaban hasta el Tucumán y nos reducían a los más grandes extremos de aflicción, que no pueden ocultarse a la comprensión más dormida.” Y a esta altura de la exposición exclama: “Pero, ¡raro prodigio!”Un solo espíritu animó a todas las gentes de esta Provincia, que no concebíamos con ilustración bastante para una resolución tan general, tan magnánima y heroica. Es constante – dicen – que la fortuna de estos infelices se reducía absolutamente a un corto número de ganado vacuno y caballar. Dispuestos a hacer la guerra, sin más armas que los propios lazos, no ha habido un hombre que no se alistase en el número de soldados voluntarios que han militado bajo el nombre de gauchos. Desde el momento que tomaban partida, ciertos del peligro que no tendrían cuartel, porque no eran militares de línea, olvidaron su existencia y por consiguiente hasta los medios de conservar sus intereses y hogares. Fundada una especie de comunidad de bienes, las gruesas partidas que corrían el campo y asediaban este Pueblo, el de Jujuy y Orán, se trasportaban y mantenían de las pertenencias de los vecinos; y de aquellos puntos a donde por la fuerza superior del enemigo no podían acercarse, subsistía éste y se verificaban las internacionales y las que el tiempo de su retirada hizo de 3.000 cabezas de ganado vacuno.”

 

Descargar el material completo

boton CPBWord

Derechos

Diptico En Defensa de tus Derechos

Información Útil

informacion util

Comisión Provincial del Bicentenario

Mediacion Deportivabanner

Biblioteca Virtual

Banner chico Biblioteca Virtual

ReProC

23mayo

Procedimiento selección

catalano

samson

Rodriguez

Buzón

buzon

Galería de Videos

galeriavideo

Galería de Imágenes

Scroll to top