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  • Asumió Adrián Zigarán como interventor del municipio de Aguaray

    Asumió Adrián Zigarán como interventor del municipio de Aguaray

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Por Martín Güemes Arruabarrena

Don Manuel Eduardo Arias había nacido en 1785 (tenía la misma edad del General Güemes), hijo del encumbrado español Francisco Arias Renguel (familia radicada en la la Intendencia de Salta del Tucumán, cuya casa solariega y blasonada, se encuentra actualmente en Salta), y de una originaria de esas tierras de Omaguacas, apodada: "la Coya". Esa mezcla étnica, entre un español de alcurnia, y una rebelde indígena lugareña, forjaría en su niñez y adolescencia, un temperamento valiente, audaz, intuitivo, y experimentado en el conocimiento de su tierra, y de sus habitantes. Recorrió a caballo, en cumplimiento de tareas rurales, junto a los aborígenes y criollos, cada rincón de las tierras de San Andrés, ubicadas entre Humahuaca y Orán (el abra de Zenta era el paso estratégico entre ambas ciudades), finca que pertenecía a su padre. Humahuaca goza de prestigio histórico, por ser tierra india, rebelde a la dominación Inca y Española; Orán, es la última ciudad fundada por los españoles en América. Ramón García de León y Pizarro junto a Diego José de Pueyrredón, gestan la ejemplar fundación en el Valle de Zenta (“La fundación de Orán, una labor sin fallas” de Luis Oscar Comentares). Ambas ciudades en su historia, complementaban la cruza étnica, del caudillo Manuel Eduardo Arias, paradigma de la jujeñidad, y del oranense.


La invasión de los Sarracenos (1817)


El "golpe de mano en Humahuaca", hecho ocurrido el 1 de Marzo de 1817, fue gestado con genialidad de comando militar por el Coronel Manuel Eduardo Arias, en su tierra natal. Por cierto, este combate dejó al General La Serna, a la retaguardia de sus tropas realista, en inferioridad de condiciones de comunicación con el Alto Perú (actual Bolivia), y sin vituallas, pues allí había concentrado el jefe español, armas, municiones, cañones, custodiados por una tropa de elite, a la cual consideraban imposible de derrotar. Los gauchos jujeños al mando de Arias, demostraron lo contrario.


El marco dramático, en el cual se enmarcó el Combate de Humahuaca, y otros más, en los cuales fue protagonista el Coronel Manuel Eduardo Arias, fue la invasión del Brigadier General don José de la Serna, invasión que contó con 7.284 hombres, de los cuales, algunos quedaron en el Alto Perú. La fuerza de avanzada contó con 6.800 efectivos, con veteranos que habían combatido a Napoleón, y a Bolivar, regimientos como el Gerona, Extremadura, Húsares de Fernando VII, Dragones de la Unión, 130 artilleros, y el Batallón del General, su fuerza de custodia. La táctica empleada contra esa, y otras invasiones que se sucedieron (cinco, en total), genialidad militar pergeñada por el entonces Gobernador, Comandante de las Milicias, y Jefe de la Vanguardia del Ejército del Norte, Coronel Mayor don Martín Miguel de Güemes, fue crear una red informativa, y de Comandos militares, al mando de milicias gauchas, que bajo instrucciones precisas, y con libertad de acción en cada región (corsarios terrestres), defendiera, hostilizara y persiguiera en una guerra sin cuartel, a muerte al invasor realista. Hechos que se cumplieron con precisión fatal para los españoles, algunos criollos y mestizos, que defendían al Rey Borbónico don Fernando VII. No debemos olvidar, que en esta guerra sin cuartel, el Ejército del Norte al mando de Belgrano, actuó de retaguardia “inmóvil”, pues permaneció acantonado durante cinco largos años. La única iniciativa de Belgrano, fue la “aventura” del Cnel. Gregorio Araoz de Lamadrid, en su incursión al Alto Perú, que culminó con el combate de La Tablada (14.04.1817), hecho de armas que tuvo por marco geográfico y humano a Tarija, y sus paisanos.

 

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Por Martín Miguel Güemes Arruabarrena

 

Para comenzar, debemos ubicarnos espacial y temporalmente. Hasta Octubre de 1814, estamos situados en la Intendencia de Salta del Tucumán (actual noroeste argentino y sur boliviano). Vayamos entonces, al debe y haber de las uentas públicas. Repasemos los hechos, guiados por los historiadores salteños, Bernardo Frías, Atilio Cornejo, y Luis Güemes, a nuestro criterio quienes más profundizaron en la historia Güemesiana (o sea, en la independencia nacional). Historia empequeñecida, minimizada, por los historiadores del Río de la Plata, o por historierias localistas, que incentivan falsos orgullos provincianos.


Empecemos por vivir la situación económica que padecía Salta, después de los heroicos sucesos militares de la gesta Belgraniana (1812/1813), y del inicio de la guerra gaucha en el Valle de Lerma (1814). En base a informes del Cabildo de Salta, Atilio Cornejo nos pone en autos: “(…) Ahora bien, sobre el estado en que quedó Salta, es ilustrativo el acuerdo de su Cabildo, de junio 13 de 1813, cuando aludían sus Regidores D. Hermenegildo González de Hoyos, Dr. Mariano Boedo, D. Guillermo de Oramaechea, D. José D. Fernández, D. Teodoro López y D. Severo Alvarado “a la suma indigencia en que ha quedado esta Capital con el tránsito y estación, así del Ejército de la Patria, como del nemigo que la asoló enteramente quitando a sus vecinos los más de los bienes de que subsistían hasta dejarlos sin proporciones aún para el preciso sustento” ; a cuyo efecto, acordaron que su Diputado gestionase en Buenos Aires, se sirva moderar la contribución mandada a exigir a esta Provincia por continuos donativos, empréstitos y demás contribuciones con que ha sido pensionada esta ciudad y sus partidos desde la primera internación del Ejército Auxiliar a  las provincias interiores, a más de que es notorio el atraso que ha recibido esta Ciudad con la cesación de su comercio por motivo de la actual guerra” E igualmente, el acuerdo del mismo Cabildo, formado por D. Gerónimo López, D. Gaspar Arias, D. Guillermo de Ormaechea, D. Juan M. Quiroz, Dr. Juan de la Cruz Monge y Ortega, D. Juan de Arteaga y D. José de Gurruchaga, en octubre 29 de 1814, en cuya oportunidad se recalcaban “los incalculables quebrantos que ha padecido esta Ciudad y su campaña para el desempeño de sus deberes”, en cuya virtud “se veían constituidos en la necesidad de calcular y meditar los medios para levantarla de la ruina y escombros  que ha quedado reducida por los tiranos de Lima, que únicamente la ocuparon para saciar su codicia y ambición. Las exorbitantes contribuciones, donativos y préstamos forzosos; los secuestros y confiscaciones, y una extremada licenciosidad concebida a los mandarines, ministriles y tropa, formaron la ruina de las casas, sus propiedades, preciosidades y demás muebles. Los abastos para el Ejército y las considerables remesas hechas al interior en ganado vacuno, caballar y mular, produjeron una ingente disminución en las fincas rurales, y hubiesen quedado totalmente desiertas si las partidas de los patriotas no hubieran embarazado el plan adoptado de desolación con dichas remesas para el interior.” Agrega que después de Vilcapugio y Ayohuma, “quedó la felicidad de la Patria pendiente de la decisión de los ciudadanos de este pueblo de Salta y su campaña. Si éstos se resolvían a sacrificar sus intereses, sus familias y sus personas, el enemigo no adelantaba sus marchas y daban lugar a la organización del Ejército. Por el contrario, si cedían a los gritos y vínculos de la naturaleza, contemplando que había terminado la obligación social, los déspotas de Lima avanzaban hasta el Tucumán y nos reducían a los más grandes extremos de aflicción, que no pueden ocultarse a la comprensión más dormida.” Y a esta altura de la exposición exclama: “Pero, ¡raro prodigio!”Un solo espíritu animó a todas las gentes de esta Provincia, que no concebíamos con ilustración bastante para una resolución tan general, tan magnánima y heroica. Es constante – dicen – que la fortuna de estos infelices se reducía absolutamente a un corto número de ganado vacuno y caballar. Dispuestos a hacer la guerra, sin más armas que los propios lazos, no ha habido un hombre que no se alistase en el número de soldados voluntarios que han militado bajo el nombre de gauchos. Desde el momento que tomaban partida, ciertos del peligro que no tendrían cuartel, porque no eran militares de línea, olvidaron su existencia y por consiguiente hasta los medios de conservar sus intereses y hogares. Fundada una especie de comunidad de bienes, las gruesas partidas que corrían el campo y asediaban este Pueblo, el de Jujuy y Orán, se trasportaban y mantenían de las pertenencias de los vecinos; y de aquellos puntos a donde por la fuerza superior del enemigo no podían acercarse, subsistía éste y se verificaban las internacionales y las que el tiempo de su retirada hizo de 3.000 cabezas de ganado vacuno.”

 

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Por Martín Miguel Güemes Arruabarrena

Las victorias de Tucumán (24 de setiembre de 1812) y Salta (20 de Febrero de 1813) fueron decisivas. Belgrano las obtuvo contra la decisión del poder central de abandonar el norte, y retirarse a Córdoba. En esa desobediencia histórica, tuvo papel fundamental el pueblo norteño. Jujeños, salteños, tucumanos, santiagueños, catamarqueños, riojanos, no estaban dispuestos abandonar sus tierras. De allí, el vigor que adquirió la presencia de los gauchos, convocados por Bernabé Araoz, Apolinario Saravia, y muchos caudillos locales que comandaban partidas de decididos por la patria. De no haberse dado esa conjunción: pueblo - ejército, ese milagro de fe, donde tuvo papel esencial la presencia de la Virgen del Carmen (no olvidemos que Belgrano delegó el bastón de mando a su imagen venerada), los planes realistas se hubieran cumplido. Eran estos, constituir un “frente imbatible” conectando Tucumán y Montevideo a través de Santa Fe; en la acción criolla, tuvo también papel destacado el General José de San Martín. El combate de San Lorenzo (3.02.1813), impidió el desembarco de tropas realistas, en las riberas occidentales del Paraná, impidiendo una cabecera de playa que envolviera a las fuerzas patriotas entre dos fuegos envolventes; el ejército español al mando de Pezuela, y el que pudiera descolgar los realistas desde Montevideo. Estos triunfos patriotas, al igual que la victoria de Suipacha (7.11.1810), llenó de esperanzas a los dirigentes de la revolución de Mayo, y abría la posibilidad de llegar hasta el río Desaguadero, límite norte del territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata (ex Virreinato del Río de la Plata). Nuevamente, desde la Intendencia de Salta del Tucumán, quedaba abierta la posibilidad de reconquistar el Alto Perú. La patria podía hacer camino por el norte. 

 

En su libro: “Ideología y acción de San Martín”, Pérez Amuchástegui afirma: “Belgrano, con serena prudencia, aconsejó moderación y advirtió las dificultades de la campaña alto peruana; pero se le ordenó marchar, en la convicción de que el bisoño general equivocaba la concepción estratégica. Y mientras Belgrano avanzaba hacia el norte, en Montevideo las cosas se complicaban por la injerencia portuguesa, las rivalidades internas y los refuerzos que llegaban de España. El segundo triunvirato, entre tanto, procuraba conciliar su acción con Chile para evitar todo comercio con el Perú, entendiendo que “Chile es el granero de Lima”. Al mismo tiempo, había un grupo dentro del nuevo gobierno que, según Lord Strangford, estaba dispuesto a fines de 1812 a negociar el reconocimiento de la constitución española, siempre que Inglaterra se comprometiera a asegurar una forma de autarquía local; otro grupo, en cambio, postulaba una completa independencia del vínculo europeo, mientras exigía la atención británica señalando la ventajas que le representaba el comercio en estas regiones.”

 

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Por Martín Miguel Güemes Arruabarrena

 

El Combate del Tuscal de Velarde es un hecho de armas librado por Güemes y sus gauchos, digno de repensar, de recrear, en este tiempo histórico. Si el pasado es materia de estudio para académicos, la historia es fundamental para los pueblos. La diferencia está dada por que una está muerta, de allí la posibilidad de pensarla, de investigarla; y la otra está viva, por eso es posible sentirla, recrearla imaginativamente con el corazón. De allí, que los historiadores tengan que portar alma de poetas, y vocación de científicos.


El relato del enfrentamiento de patriotas y realistas, fue realizado magistralmente por don Bernardo Frías, el más importante historiador salteño. En su magnífica obra: “Historia del General Martín Güemes y de la Provincia de Salta o sea de la Independencia Argentina”; en su capítulo XX La Segunda Invasión. Llamada de los Cuicos, describe el paisaje circundante, representa los protagonistas principales (entre quienes sobresalen, están Pachi Gorriti y el mulato Panana), la astucia militar desplegada por Güemes (destacamos el cambio de planes, realizado sobre la marcha), y también nos cuenta – Frías - sobre el audaz Comandante Castro , quien fuera la primera lanza del Ejército Realista, causante principal de las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, y de haber perseguido tenazmente a Dorrego en las Lomas de San Lorenzo, en ese mismo año 1814. Castro escapo milagrosamente de ser apresado, ante la furiosa carga que llevó adelante sobre su persona el Pachi Gorriti, primera lanza de las caballerías gauchas.


Señala bien Frías, en su comentario final: fue la primera vez que reconocieron a Güemes, desde el Gobierno Central; en Suipacha (7 de Noviembre de 1810) fue borrado del Parte de la batalla (por Castelli), a pesar de haber sido quien comando la Vanguardia patriota que derrotó a la Vanguardia realista, en esa primera victoria de las armas de la revolución de Mayo.
San Martín fue quien se encargó de otorgarle el ascenso a Teniente Coronel, y el cargo de Comandante de la Vanguardia del Ejército Auxiliar del Perú. Resalto este hecho, pues será San Martín, el mayor estratega militar de las historia suramericana, quien confiará a Güemes los cargos más importantes, a los fines de que su original táctica guerrera, pueda lucirse en el campo de las luchas por la libertad e independencia. De comandante de la Vanguardia del Ejército Auxiliar del Alto Perú (en 1814), a General en Jefe de la Vanguardia del Ejército de Observación sobre el Perú (en 1820).


El parte de guerra enviado por Güemes a San Martín, escrito ese mismo día, en medio del polvo en suspensión despegado por la carga de las caballerías gauchas, entre el humo de la pólvora realista que todavía flotaba en el ambiente, nos sitúa en el centro del combate; el parte de San Martín al Director Supremo Posadas, refleja la alegría del Gran Capitán, ante la derrota del perjuro Castro (apodo que mereció, después de haber traicionado el juramento librado ante la capitulación del ejercito realista, en la batalla de Salta), y por fin, el parte del Directorio a San Martín, nos revela la confianza que despierta el Santo de la Espada, ante la sucesión de victorias que protagonizan los Comandantes Burela, Saravia, Zavala, Güemes, al frente de los paisanos, en ese mes de Marzo de 1814. Por la importancia de los mismos, y por la claridad expositiva de los protagonistas, van estas páginas gloriosas de nuestra patria. La historia comenzaba a escribirse con sangre, en nuestra tierra salteña.

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El mes de marzo de 1814 es una fecha para la causa de la Patria en territorio salteño, pues en esa época se inicia la guerra de recursos, conocida también como “La Guerra Gaucha” o “la guerra de los gauchos”. 


Los valles son los múltiples escenarios naturales de esta singular guerra de guerrillas. La confi guración del terreno era factor favorable sobre el cual la astucia y la valentía habrían de decidir a favor de las fuerzas patriotas todas las escaramuzas en las cuales los realistas, irremediablemente eran derrotados.


Las fechas más importantes, cuya conmemoración recordamos, los escenarios, los protagonistas, los hechos, son los elementos valiosos con los cuales se ha montado este verdadero teatro de operaciones. El hombre del lugar, el campesino, el patriota, el gaucho identifi cado con la imperiosa necesidad de ver su propio suelo libre de las invasiones realistas constituyen los elementos indispensables para esbozar este sencillo homenaje. La organización de las milicias gauchas es una obra maestra de la táctica militar, donde el Gral. Martín Miguel de Güemes adecuó los recursos de hombres y bagajes, a las necesidades circunstanciales y topografía del terreno.

 

Marco Histórico

 

Luego de la revolución de Mayo de 1810 que dio origen al primer gobierno patrio una de sus primeras acciones fue enviar expediciones libertadoras a los focos realistas. A Manuel Belgrano le encomendaron las expediciones al Uruguay, al Paraguay y al Alto Perú. A pesar de ser abogado no dudó en tomar las armas en pos de los ideales de libertad. Pero su poca experiencia militar no llegó a buen término. Si bien logró dos triunfos importantes (Batalla de Salta y Tucumán).

 

Las derrotas de Vilcapugio (1o-10-1813) y Ayohuma (14-11-1813) fueron un desastre total y marcaron el fi n del Gral. Manuel Belgrano como jefe del Ejército Libertador del Norte. Cuando el Triunvirato recibió información del desastre sufrido por el creador de la bandera en las dos batallas, tomó la decisión de nombrar en su reemplazo al Cnel. José de San Martín, que el aceptó en suspenso. En consecuencia el gobierno porteño ordenó a Dorrego se encargarse de reunir a los dispersos que llegaban a Salta, para juntar la mayor cantidad de armas y pertrechos y reorganizar las fuerzas para acantonarse en la ciudad. Laborioso y efi ciente, en apenas quince días logro reclutar setecientos cincuenta soldados y organizó un nuevo regimiento el que apodó “Partidarios”. El nuevo regimiento estaba destinado a ser famoso: ese sería el cuerpo que comandaría el General Martín Miguel de Güemes en su célebre Guerra Gaucha.

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El principio

Poco tiempo después de invadir el reino de Portugal en 1808, el Emperador Napoleón ocupó varios puntos estratégicos del territorio español, y simultáneamente citó a la familia real para establecer una reunión cumbre en Bayona, al suroeste de Francia.


Esa entrevista culminó sorpresivamente con la reclusión del rey Fernando VII, y de su padre Carlos IV, porque la verdadera intención del monarca francés era la de usurpar el trono español instalando en él a su hermano José, que no tenía derecho alguno. Este gran atropello del Emperador francés, produjo entre los años 1808 y 1814, la Guerra de la Independencia Española contra las tropas de ocupación francesas, donde los ejércitos español y británico se unieron para luchar contra el enemigo común. 

 

Una vez finalizada la guerra, Fernando VII recuperó el poder y tuvo que normalizar el reino que se encontraba en un estado calamitoso. También tenía que reducir y reorganizar su agotado ejército, que había luchado durante seis años contra las fuerzas francesas; y sofocar las insurrecciones para recuperar el control de las colonias americanas.

A mediados de 1814, el rey ordenó alistar una expedición de diez mil hombres al mando del Mariscal Pablo Morillo, para recuperar el antiguo Virreinato del Río de la Plata. Después de seis años de luchar encarnizadamente contra las fuerzas de Napoleón, las experimentadas tropas del ejército español no veían con buenos ojos el comienzo de una nueva guerra en ultramar. 


A todo esto, la fortaleza realista de Montevideo seguía sitiada por tierra desde octubre de 1813, y para completar el cerco por mar, el gobierno patrio organizó una flota que puso al mando del Tte. Cnel. de Marina Guillermo Brown. El bravo irlandés obtuvo el 17 de mayo de 1814 un triunfo definitivo sobre la flota española, que produjo días después la rendición de la plaza de Montevideo.

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Dentro de sus tareas específi cas, la Comisión del Bicentenario del Ministerio de Gobierno de la Provincia de Salta, considera de enorme relevancia la conmemoración del Bicentenario de la Batalla de Puesto Grande del Marqués, acción de las armas de la Patria que se llevara a cabo el 14 de abril de 1815 en la actual Provincia de Jujuy y en la que tuvieran un papel descollante las milicias salto – jujeñas al mando del entonces coronel Don Martín Miguel de Güemes que integraba el Ejército Auxiliar.


Rendir el merecido homenaje a los héroes que participaron de este hecho, es rescatar desde la historia nuestra memoria colectiva. Pero no solo de aquellos jefes que estaban al comando de partidas patriotas, sino también de los hombres, mujeres y niños de estos territorios, que olvidados, ayudaron a forjar esta Patria que amamos.


La pregunta que todos nos hacemos hoy en día desde la comodidad de nuestro hogar, desde nuestra particular situación cotidiana, muchas veces desde nuestro individualismo, es ¿que llevó a éstos hombres muchos de ellos desconocidos para la historia, dejar el bienestar de su posición familiar y social para aventurarse en el desafío del servicio por una causa que muchas veces les llevó la vida? ¿Cuál es el motor que los animó, que les impulsó a alejarse de su terruño, sufriendo penurias, sacrifi cios y persecuciones?


Estaríamos muy equivocados si respondiéramos que lo hicieron exclusivamente por mezquinos intereses materiales, o por la sed de poder, o por lograr la supremacía de una clase social sobre otra.


En el héroe resplandece el servicio a una causa común, la consecuente conducta que encuentra idéntico lo que se dice con lo que se hace, la entrega a un ideal. Éstos son los valores que se pusieron en práctica en el transcurso de la Guerra por la Independencia.


Los valores que se hicieron acción, mensaje y lucha en la oportunidad de la llamada Guerra Gaucha, deben ser hoy los que nos sirvan a nosotros para la construcción común de la Nación. El ejemplo de acciones heroicas que van más allá del desprecio de la propia vida son necesarias para trabajar, en un esfuerzo colectivo, por reconstruir los vínculos sociales y crear un futuro que nos incluya a todos.

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El año de 1814, sin dudas, marca el inicio de un movimiento insurreccional generalizado en la Intendencia de Salta del Tucumán como en el Alto Perú. Jefes de la talla de Arenales, Padilla, Azurduy, Camargo, entre otros, serán los encargados de poner en serias difi cultades al ejército realista, las comunicaciones y el abastecimiento de las ciudades altoperuanas que se encontraban en su poder siguiendo la táctica de la “guerra de partidas”.


El 1 de marzo de de ese año, en el pueblo de Chicoana corazón de Valle de Lerma en Salta, dio inicio la más original y menos conocida gesta libertaria que lleva el nombre de Guerra Gaucha.

Fuerzas de milicianos rurales, expertos en las tareas de campo, amplios conocedores de su espacio geográfi co, eximios jinetes en la difícil geografía, profundamente identifi cados con su tierra y portadores de una acrisolada lealtad a sus jefes, eran comandados por pequeños propietarios y arrendatarios que en esos primeros meses de 1814 tuvieron a su cargo una seguidilla de escaramuzas y entreveros con las fuerzas leales al rey español, cuando éstos, carentes de apoyo que pudieran brindarles los comerciantes y estancieros adictos, tuvieron la necesidad de víveres, ganado vacuno, caballar y mular, pretendiendo obtenerlos mediante el saqueo.


Los comandantes y jefes de estas partidas tenían una fuerte ascendencia sobre los paisanos rurales a partir que Salta se sumo al movimiento de Mayo de 1810 y ya habían participado activamente en numerosos encuentros bélico con las tropas del rey, teniendo alguno de ellos destacadísimas actuaciones en batallas como las de Tucumán y Salta.


El “Grito de Chicoana”, como inicio del movimiento insurreccional, encendió una hoguera de sublevaciones a las que se sumaron milicias de la frontera que en ese momento integraban la Vanguardia del Ejército del Norte y a la que Martín Güemes pertenecía.

 

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